El veganismo (del inglés veganism)​ es un estilo de vida que rechaza el uso de productos y servicios que provengan de animales no humanos,​ sea para alimentos, vestimenta, medicamentos, cosméticos, transporte, experimentación, ayuda en el trabajo o entretenimiento, a excepción en este último caso del mantenimiento de animales de compañía.​ A quien practica el veganismo se le llama vegano.

El veganismo como práctica tiene antecedentes en la antigüedad, pero el término «veganismo» fue acuñado en 1944 por Donald Watson, con el objetivo de diferenciarlo del vegetarianismo que, a nivel de nutrición, acepta que sus practicantes consuman alimentos de origen animal siempre que no impliquen sacrificio.​ Más tarde aparecieron otras definiciones.

Los motivos que llevan al veganismo se fundamentan en argumentos éticos, medioambientales y de salud. En relación con los últimos, no existe evidencia de que una dieta vegana sea más saludable que otras dietas, siempre que estén bien estructuradas.

Veganismo ético

El veganismo ético es la adopción del veganismo por razones éticas, generalmente el respeto a los demás animales como seres sintientes,​ lo cual conlleva el rechazo de productos y servicios animales no solo en la alimentación sino para cualquier propósito.​ Otro argumento ético es que la explotación y sacrificio de animales causan daños que exceden su beneficio.​ En adolescentes, la adopción del veganismo por razones éticas puede provocar un bajo interés por los aspectos nutricionales.​ Se argumenta en oposición a este criterio que la adopción del veganismo no impide la muerte y el sufrimiento de animales, ya que a pesar de la gran sensibilidad hacia los animales domésticos, se infravalora o no se tiene en cuenta el impacto negativo sobre los animales silvestres de la agricultura. Por otro lado, muchos descubrimientos realizados durante los últimos años sugieren que las plantas también son seres «sintientes», capaces de sentir estrés de manera similar a los animales y comunicarse amplia y activamente.

El veganismo es una reacción al especismo. Existe una diferenciación entre la teoría de los derechos de los animales —que es una aproximación deontológica—, y entre la utilitarista o consecuencialista; dicha diferenciación se aprecia en el debate acerca de la base moral en la que ha de asentarse el veganismo. El teórico de los derechos animales y filósofo Tom Regan, sostiene que los animales poseen valor por sí mismos puesto que son, según la terminología usada por él: «subjects-of-a-life», que en castellano traduce: «sujetos de una vida». Este concepto extrapola el concepto filosófico de sujeto, entendiéndose, entonces, que el animal es «actor de sus actos» por decisión o voluntad por lo tanto es un ser. Según este postulado los animales tienen creencias y deseos, una vida emocional, memoria y la capacidad de iniciar acciones en procura de alcanzar sus objetivos; en consecuencia estos objetivos han de ser vistos como propósitos. Este filósofo sostiene que estos seres tienen el derecho a no ser heridos y tal derecho puede ser anulado por otros principios morales válidos; pero que las razones aducidas para lastimarlos: conveniencia, intereses económicos de los ganaderos o por simple gusto, no son razones de peso.

Otro teórico de los derechos de los animales, Gary Francione, argumenta que «todos los seres, en tanto sensibles, aunque sea deberían tener un derecho: a no ser tratados como propiedades» y que la adherencia al veganismo debe ser el inequívoco punto de partida de aquellos que ven a los otros animales como poseedores de un valor moral que les es intrínseco.​ También dice que la búsqueda de mejores condiciones para los animales en vez de la abolición de su uso, es semejante a un «delincuente caballeroso» que ataca a sus víctimas sin golpearlas; pero que igual las perjudica. Procurar el bienestar de los animales no nos aleja del paradigma de que los animales son propiedad en tanto cosas, tal paradigma sólo sirve para que la gente se sienta cómoda al usarlos.

Empero, Peter Singer —filósofo ético australiano, vegetariano y, según él mismo, vegano pero flexible—, argumenta que, desde una perspectiva utilitarista, no hay justificación moral o lógica para rehusar a considerar al sufrimiento de los animales como una consecuencia de decisiones éticas, que la capacidad de sentir es «el único límite justificable de la preocupación por los intereses del otro», y que la matanza de animales ha de ser rechazada a no ser que sea por razones de supervivencia. A pesar de esto, Singer apoya lo que se conoce como «la excepción de París»: si usted está en un restaurante caro, y se le permite comer lo que quiera gratuitamente y, sin embargo, no hay comida vegana, pues coma la vegetariana.

El apoyo de Singer a «la excepción de París» genera la división entre el movimiento en pro derechos de los animales, separación que se ve reflejada en la brecha existente entre el proteccionismo —representado por Singer y por PETA—, quienes dicen que el cambio es posible de manera gradual; y entre el abolicionismo —representado por Regan y Francione—, quienes sostienen que la reforma que busca el bienestar de los animales sólo sirve para convencer al público de que el uso de animales es moralmente correcto. ​En el 2006, el proteccionista Bruce Friedrich, director general de políticas de Farm Sanctuary​ sostuvo que seguir el veganismo de manera estricta se centra en la pureza personal, en vez de enfocarse en fomentar en las personas el evitar la mayor cantidad posible de productos de origen animal; esto no es estrictamente vegano porque perjudica a los animales.​ Para Francione, esto es parecido al argumento que las violaciones a los derechos humanos nunca serán eliminadas, no debemos pretender detener estas violaciones sólo en situaciones controladas. Continúa diciendo que, en aras de evitar un escándalo, no preguntarle a un dependiente la composición de algo que queremos comprar, refuerza la idea de que los derechos morales de los animales son un asunto de conveniencia. Por esto Francione deduce que el proteccionismo falla incluso en sus propios términos de consecuencialismo.

Las plantas como seres sintientes

Muchos descubrimientos realizados durante los últimos años sugieren que las plantas son seres «sintientes».​ Esta emergente área científica se denomina «neurobiología de las plantas».​ Las similitudes a nivel celular entre animales y plantas son mucho mayores de lo que se suponía. Por ejemplo, se ha demostrado que las plantas son capaces de comunicarse amplia y activamente.​ Detectan numerosos parámetros de su entorno, pueden elegir entre diferentes posibilidades y cambiar su comportamiento en consecuencia.​ Sienten diversos tipos de estrés, de forma similar a los animales, y reaccionan a nivel molecular, celular, de órgano, de organismo o de grupo.​ A un nivel rudimentario, sus raíces pueden distinguir entre el «yo» y el «no-yo».

Actualmente, no hay consideraciones éticas hacia las plantas ni conciencia de ningún problema, una actitud que algunos expertos consideran cada vez más difícil de justificar. Filósofos, expertos en ética, biólogos moleculares y científicos del Ethics Committee on Non-Human Biotechnology (ECNH) han tratado de elaborar la base ética para atribuir dignidad a las plantas. Basándose en los recientes descubrimientos, plantean este derecho, de la misma manera que en el caso de los animales. Este comité concluye que las plantas son seres vivos, deben ser respetadas y no deben ser tratadas de una manera completamente arbitraria, si bien este derecho a la dignidad no debe reducir o limitar su uso; el bien o los intereses de una planta deben sopesarse contra los intereses de los seres humanos.

En 2004, una ley suiza sobre tecnología genética ordenó que la dignidad de todas las criaturas debía ser considerada en la investigación, incluidas las plantas. Para la solicitud de subvenciones, los biólogos suizos deben garantizar en sus propuestas que tienen en cuenta la dignidad de las plantas.​ Esta ley ha sido muy criticada por la falta de definición de lo que realmente significa dignidad de las plantas.

Algunos autores creen que esta actitud es el primer paso en el camino a «la tierra del absurdo» y una nueva frontera para los activistas extremos.​ Por ejemplo, de la misma manera que ya tenemos huevos de gallinas en libertad («freedom eggs»), podría pretenderse tener pan o galletas hechas de trigo cultivado sin competencia ni otros tipos de estrés («freedom bread» o «freedom cookies»). Actualmente, se satiriza con el lema «ensalada es asesinato» en sketches televisivos y camisetas.

Veganismo ambiental

El veganismo ambiental es la adopción del veganismo por razones ambientales. La captura o cría industrial de animales es perjudicial para el medio ambiente y además insostenible.​ Las dietas basadas en plantas son más sostenibles que las dietas ricas en productos animales, puesto que utilizan menos recursos naturales y provocan menor impacto en el medio ambiente.​ A nivel global, la ganadería es una de las principales causas de pérdida de y de emisión de gases de efecto invernadero y, probablemente, la principal fuente de contaminación del agua en los países desarrollados y en vías de desarrollo.​ Los pastos ocupan un 26% del total de la superficie terrestre libre de hielo y aproximadamente el 34% de las tierras cultivadas corresponde a alimentos para el ganado (cultivos forrajeros).​ La suma de pastizales y cultivos forrajeros representa casi el 80% de los terrenos destinados a actividades agropecuarias. La agricultura tiene una enorme repercusión negativa sobre la Tierra; provoca la reducción de la superficie disponible para la vida silvestre, destruye gran número de insectos, plantas y animales, tanto directamente en la preparación de los terrenos y mediante el uso de plaguicidas u otros métodos para defender los cultivos (incluyendo envenenamientos y caza a tiros), como por la contaminación de las aguas por los fertilizantes y plaguicidas, y sus efectos negativos sobre la cadena alimenticia.​ Todo ello provoca una pérdida de biodiversidad, que no se reduce ni siquiera en aquellos países que valoran y protegen la naturaleza. Asimismo, los insecticidas, herbicidas y fungicidas contaminan el agua dulce con compuestos carcinógenos y otros venenos que, además de afectar a muchas formas de vida silvestre, perjudican la salud de los seres humanos. La agricultura es también una importante fuente de contaminación del aire y de gases que contribuyen al efecto invernadero y la lluvia ácida.

A pesar de los evidentes problemas ambientales que tiene el sistema actual de producción de alimentos de origen animal, algunos autores contrastan las afirmaciones de una dieta vegana como la mejor opción ambiental. Un estudio que simuló 10 escenarios mundiales de «dietas sanas» encontró que una dieta lacto-vegetariana tenía mayor capacidad de carga, sin embargo, dos escenario omnívoros tenían mayor capacidad de carga que una dieta vegana.​ En 2017 fue publicado un artículo en donde se contemplaba un escenario sin productos animales. La reducción de gases de invernadero era 2.6% y resultó en una población con exceso calórico y deficiencias nutricionales.​ Así como poner en duda el principio de «menor impacto posible» en el ambiente. Actualmente la producción animal, en sus múltiples formas, desempeña un papel integral en el sistema alimentario, haciendo uso de tierras marginales, convirtiendo los co-productos en productos comestibles, contribuyendo a la productividad de los cultivos y convirtiendo los cultivos comestibles en alimentos altamente nutritivos y ricos en proteínas.Mejoras modestas en la eficiencia del uso de piensos pueden reducir la expansión adicional de terrenos.

Recursos Naturales y medio ambiente

Los veganos ambientalistas se centran más en la conservación que en los derechos de los animales. Rechazan el uso de productos de origen animal sobre la premisa de que las prácticas como la agricultura industrial, la pesca y la caza son ecológicamente insostenibles. Paul Watson (canadiense y activista del movimiento ecologista) fundador de la Sea Shepherd Conservation Society (Sociedad de conservación Pastores del mar), dijo en el 2010 que todos los barcos de aquella sociedad son veganos por razones ambientalistas, ya que, según afirma: «el 40% de los peces capturados en los océanos son utilizados para alimentar al ganado. Los cerdos y los pollos están convirtiéndose en los principales depredadores acuáticos». La sobrepesca y la contaminación derivadas de la elaboración de piensos están afectando de manera creciente la biodiversidad de los ecosistemas marinos.

En 2006, el ganado representaba aproximadamente el 20% del total de la biomasa animal terrestre. El ganado es un factor fundamental en la pérdida de especies, tanto directa como indirectamente, aunque son datos muy difíciles de cuantificar. En los pastizales, interactúa con la vida silvestre, con frecuencia negativamente, otras veces positivamente. El ganado contribuye a mantener en su estado natural algunos de los ecosistemas de pastizales abiertos, pero las preocupaciones de índole sanitario son una nueva amenaza para la vida silvestre.

La expansión de los terrenos dedicados a pastos con frecuencia es a expensas de los bosques.

Las emisiones de amoníaco y la contaminación del agua derivadas principalmente de la cría industrial comprometen la biodiversidad, especialmente en el caso de la vida acuática. Hay una tendencia creciente a arrojar al agua los desechos animales en vez de ser devueltos a la tierra, lo que a su vez priva a la tierra de una fuente de nutrientes. Asimismo, el ganado es un impulsor y facilitador de las invasiones de especies exóticas.

El informe titulado «La larga sombra del ganado: problemas ambientales y opciones», publicado en noviembre de 2006 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, vincula a las actividades pecuarias industrializadas con los daños al medio ambiente. En este informe se llegó a la conclusión de que la actividad pecuaria tiene un impacto en varias esferas del medio ambiente: el cambio climático y el aire, la tierra y el suelo, el agua y la biodiversidad.​ Según el informe, el sector ganadero presenta un componente significativo total de aproximadamente un 9% de las emisiones antropogénicas globales de dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, estas cifras totales tienen un grado considerable de incertidumbre, particularmente las emisiones del sector UTCUTS (Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura) son extremadamente difíciles de cuantificar y los valores reportados a la CMNUCC (Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático) para este sector se consideran poco fiables. El sector pecuario también es responsable de emisiones antropogénicas de: metano (CH4) entre el 35 al 40%, óxido nitroso (N2O) en un 65% y de amoníaco (NH3) en un 64%. En junio de 2010 un reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, dice que se requiere un cambio hacia una dieta sin derivados lácteos para librar al mundo del hambre, la escasez de combustible y del cambio climático.

No obstante, las emisiones de gases de efecto invernadero no se limitan a la cría de animales. Los cultivos como el arroz también tienen efectos en el medio ambiente.​ En un estudio de sobre una simulación de utilización del suelo para diversas dietas para el estado de Nueva York, realizado en el 2007 por la Universidad de Cornell, se concluyó que a pesar de que las dietas vegetarianas utilizan la menor cantidad de tierra per cápita, y que una dieta baja en grasas que incluya un poco de carne y lácteos —menos de 57 g de carne o huevos por día, marcadamente menor que el consumo promedio estadounidense—, utiliza la misma cantidad de tierra disponible que algunas dietas vegetarianas ricas en grasas y que podrían alimentar a un número ligeramente mayor de personas; ya que los cultivos de forraje son realizados en tierras de menor calidad que los destinados al consumo humano.

Impacto negativo de la agricultura sobre el medio ambiente

La agricultura tiene unas enormes repercusiones sobre la Tierra. Representa la mayor proporción de uso de los recursos de agua (aproximadamente 2/3 del total) y de la tierra, lo cual desplaza a otras especies en el proceso.​ La superficie de tierra correspondiente al cultivo de cereales y otro tipo de alimentos destinados a la alimentación del ganado representaba en 2006 el 34% del total de tierras cultivables.

La concentración parcelaria, la deforestación y el drenaje de marismas para la explotación agrícola reducen la superficie disponible para la vida silvestre y fragmenta los hábitat naturales. Los plaguicidas y herbicidas destruyen gran número de insectos y plantas no deseadas, por lo que afectan a especies más grandes, que ven reducida sus fuentes de alimentos. Estas formas de vida que se ven afectadas pueden ser importantes recicladores de nutrientes del suelo, polinizadores de cultivos y predadores de insectos dañinos. Es decir, la pérdida de biodiversidad comienza con la fase de preparación de la tierra para el desarrollo agrícola y continúa después. Esta pérdida de biodiversidad es una constante, que no se reduce ni siquiera en aquellos países que valoran y protegen la naturaleza. Asimismo, la degradación de la tierra, la salinización y el exceso de extracción de agua provocados por la agricultura afectan a la base de su propio futuro.

En los países desarrollados y también en países en vías de desarrollo, la contaminación de las aguas subterráneas supone un grave problema. Las principales causas de esta contaminación son los fertilizantes, los plaguicidas y el estiércol empleados en la agricultura. La sobrecarga de fertilizantes procedentes de los cultivos que acceden a lagos, embalses y estanques a través de las aguas subterráneas o cursos de agua, provoca una explosión de algas que suprimen otras plantas y animales acuáticos. Los plaguicidas matan hierbas e insectos y con ellos las especies que sirven de alimento a aves y otros animales. Asimismo, los insecticidas, herbicidas y fungicidas contaminan el agua dulce con compuestos carcinógenos y otros venenos que afectan al ser humano y a muchas formas de vida silvestre.

La agricultura es también una importante fuente de contaminación del aire y de gases que contribuyen al efecto invernadero. El amoníaco es una de las causas principales de la lluvia ácida que daña los árboles, acidifica los suelos, los lagos y los ríos, perjudicando la biodiversidad. Las emisiones de amoníaco procedentes de los fertilizantes minerales representan aproximadamente el 16% y la combustión de biomasa y residuos de cultivos el 18%. Asimismo, la combustión de biomasa de plantas provoca la emisión de otros potentes contaminantes del aire, como dióxido de carbono, óxido nitroso y partículas de humo. Los seres humanos son responsables aproximadamente del 90% de la combustión de biomasa, principalmente por la quema deliberada de vegetación forestal, asociada con la deforestación, y residuos de pastos y cultivos para favorecer el crecimiento de nuevos cultivos y destruir hábitats de insectos dañinos. El cultivo de arroz es otra fuente agrícola importante de metano, que representa aproximadamente una quinta parte del total de las emisiones.

Animales muertos durante la cosecha de cultivos

El profesor de ciencia animal de la Universidad de Oregon, Steven Davis, preguntó en 2001 al filósofo Tom Regan cuál era la diferencia entre matar a un ratón de campo al cosechar alimento y matar a un cerdo para alimentarse. La respuesta de Regan fue algo que Davis denomina: «el principio del menor daño», según la cual hay que elegir los productos alimenticios que, en suma, causen el menor daño posible al menor número de animales. Davis argumentó que una dieta basada en vegetales puede causar más muertes que una dieta que contenga carne de rumiantes alimentados con pasto.

Andy Lamey, filósofo de la Universidad de Monash, opuso el mismo argumento; según él, alimentarse con vegetales cultivados causa más muertes a ratones, ratas, mapaches y otros animales silvestres que las muertes involucradas en la crianza y sacrificio de vacas para carne. Andy llamó a la respuesta de Tom Regan «el argumento de la hamburguesa vegetariana».

Davis estimó, sobre la base de un estudio que contabilizó que la población del ratón de campo se redujo en un 25% por hectárea —esta cifra incluye migración y mortalidad natural—, después de la cosecha. Davis estimó que diez animales por hectárea resultan muertos cada año por actividades de agricultura. Sostuvo que si se utiliza la totalidad de los 490 000 km2 de tierra cultivable del territorio continental de los Estados Unidos para una dieta vegana, cerca de 500 millones de animales morirían anualmente. Pero si la mitad de estas tierras se utilizasen como tierra de pastoreo para rumiantes y suponiendo que la totalidad de la población mundial sea consumidora de carne, estimó que sólo morirían 900 000 animales por año. Por lo tanto, según él, y de acuerdo al principio del menor daño, debemos cambiar a una dieta a base de carne de rumiante en lugar a una dieta basada en vegetales.

El análisis de Davis fue refutado en el 2003 por Gaverik Matheny en el Diario de agricultura y ética ambiental. Matheny argumentó que Davis había calculado mal el número de animales muertos y que basó sus cifras en la cantidad de tierra en vez de basarla en la cantidad de consumidores y que limitó su análisis a los rumiantes alimentados con pasto, en lugar de los animales levantados en criaderos a escala industrial. Dijo además que Davis equiparó vida con calidad de vida, centrándose en las cifras en lugar de incluir en sus cálculos el daño causado a los animales criados para la producción de alimentos, daños que incluyen: el dolor del marcado, descornado y castración, una vida de reclusión, transporte sin comida y agua hacia un matadero. Matheny sostuvo que el vegetarianismo «tal vez permite a los animales vivir una vida con calidad».

Otro filósofo, Andy Lamey, también sostuvo que el cálculo hecho por Davis de las muertes relacionadas con la cosecha era defectuoso. Se basó en dos estudios: uno que incluyó las muertes por depredación, que, según él, son moralmente inobjetables por Regan toda vez que no están relacionas con las acciones humanas. Otro fue sobre el cultivo de la caña de azúcar, que según Lamey tiene poca relevancia en relación a las muertes accidentales, que son éticamente diferentes a las intencionales y que si Davis incluye las muertes accidentales al costo moral del veganismo, también debe incluir las muertes humanas provocadas accidentalmente por su dieta propuesta, la cual, según Lamey «deja a Davis, en vez de a Regan, con el argumento menos plausible». Ver un informe vegano al respecto.

Veganismo dietético

El veganismo dietético, a veces llamado vegetarianismo estricto, es la adopción del veganismo por sus ventajas sobre la salud. Los efectos beneficiosos sobre la salud, como la mejora de las condiciones metabólicas en personas con diabetes tipo 2, no son exclusivos de la dieta vegana sino que también se logran con otros tipos de dietas, como la dieta mediterránea, la dieta baja en carbohidratos / alta en proteínas y la dieta vegetariana. Además, el riesgo de graves deficiencias nutricionales puede anular estos beneficios para la salud.

Las dietas veganas, bien planificadas, pueden reducir el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades, tales como la enfermedad coronaria, la diabetes tipo 2, la hipertensión, ciertos tipos de cáncer y la obesidad. Son consideradas apropiadas para todas las etapas de la vida por la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos y la Asociación de Dietistas de Canadá.​ La Sociedad Alemana de Nutrición no las recomienda en niños, adolescentes o durante el embarazo y la lactancia, y la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición las desaconseja en lactantes y niños de corta edad, y advierte del riesgo en las mujeres embarazadas. Las dietas veganas, bien planificadas, tienden a ser más ricas en fibra dietética, magnesio, ácido fólico, vitamina C, vitamina E, potasio y fitoquímicos; y más bajas en calorías, grasa saturada y colesterol.​ No obstante, como resultado de la eliminación de todos los productos de origen animal, las dietas veganas pueden provocar importantes carencias nutricionales, principalmente de vitamina B12vitamina D, calcio, ácidos grasos omega-3, hierro y zinc.​ Estas deficiencias solo pueden ser prevenidas mediante la elección de alimentos fortificados o la toma regular de suplementos dietéticos, para lo cual es esencial una educación y evaluación personalizada por parte de los profesionales en nutrición. Tanto padres como adolescentes pueden carecer de los conocimientos necesarios para una correcta planificación de la dieta vegana.

El nutriente más crítico en las dietas veganas es la vitamina B12.​ Solo los alimentos de origen animal contienen cantidades suficientes de vitamina B12 para los seres humanos. La deficiencia de esta vitamina es muy frecuente entre los veganos que no consumen un suplemento de vitamina B12, lo cual puede provocar trastornos neurológicos potencialmente irreversibles, retraso psicomotor, alteraciones vasculares tempranas, un aumento del riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la ateroesclerosis y, si no es tratada, la muerte. Por otro lado, los veganos suelen presentan menor masa ósea y tienen un riesgo de fracturas un 30% mayor debido a su menor consumo medio de calcio. Los riesgos de carencias nutricionales y consecuencias graves sobre la salud son especialmente importantes durante el embarazo, en los bebés y en los niños,​ que en algunos casos han provocado la muerte. Asimismo, los niños que siguen dietas veganas son en general más pequeños.​ Otras complicaciones documentadas en niños incluyen raquitismo, escorbuto y kwashiorkor.

Etimología

El término inglés vegan fue acuñado en 1944 por Donald Watson, en el primer número de The Vegan News. En dicho documento, Watson explica que creó el término por rechazo a la crueldad y explotación que también implica el lactovegetarianismo, y compara la explotación animal con la esclavitud humana.​ Además de acuñar el término, Watson fue cofundador de la Vegan Society (Sociedad Vegana) en Inglaterra.

Según Joanne Stepaniak, la palabra «vegan» fue publicada por primera vez de manera independiente en 1962 en el Diccionario ilustrado de Oxford, que la define como «vegetariano que no come mantequilla, huevos, queso o leche».​ El día mundial del veganismo que se celebra cada 1 de noviembre, fue fijado en 1994 para conmemorar la fecha de creación de la Sociedad Vegana.

En 1957 Hom Jay Dinshah (1933-2000) visitó un matadero y leyó algunas de las publicaciones de Donald Watson. Renunció a todo producto de origen animal y el 8 de febrero de 1960 fundó la «American Vegan Society» (Sociedad Vegana Estadounidense). Dinshah se adhirió a la sociedad de Nimmo y se vinculó al veganismo con el concepto de «ahimsa» (uno de los nueve fundamentos de la religión jainista), que en sánscrito quiere decir: «no hacer daño». La Sociedad Vegana Estadounidense redefinió ese concepto como «dinámica inofensiva» y nombró «Ahimsa» a su revista.

En octubre de 2014 los términos «vegano» y «veganismo» fueron incorporados a la lengua española en la 23.ª edición —edición del tricentenario— del Diccionario de la lengua española.

Productos y servicios excluidos

La posibilidad de evitar el uso de productos de origen animal por razones éticas o de salud fue el asunto que dividió a los vegetarianos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta división aún existe. Los «veganos por dieta» evitan comer cualquier producto animal (carne, pescado, huevos o productos lácteos), pero sí los usan en la ropa y aseo personal.​ En contrapartida, los «veganos éticos» ven al veganismo como una filosofía y rechazan la comercialización de los animales y su condición de mercancía; y evitan usarlos como comida, indumentaria, entretenimiento o para cualquier otro propósito.​ En el caso de los adolescentes, si bien algunos emprenden dietas vegetarianas como una moda, para otros los aspectos éticos y ecológicos son su principal motivación. En estos casos, pueden mostrar un bajo interés en los aspectos nutricionales y descuidar la correcta planificación de la dieta, lo que puede ocasionar problemas de salud.

En la medida de lo posible y práctico, la Sociedad Británica Vegana sólo certifica un producto si este no fue elaborado con materiales de origen animal o por animales, incluyendo aquellos que han sido probados en animales. Los productos de origen animal incluyen: todo tipo de carnes, huevos, productos lácteos, miel y cera de abejas; pieles, cuero, lana, seda, plumas o cualquier producto que contenga derivados de la grasa animal. También productos menos conocidos como: carbón animal, porcelana de ceniza de hueso, carmín de cochinilla, caseína, gelatina, cola de pescado, lanolina, cuajo, goma laca, sebo, suero de leche. Existen también otros ingredientes aún menos conocidos que no pueden ser detectados en las etiquetas de ingredientes.

Alimentos

La principal diferencia entre las dietas veganas y vegetarianas radica en que las primeras no incluyen entre sus ingredientes huevos ni productos lácteos. Los veganos afirman que la producción de estos alimentos provoca sufrimiento a los animales y su muerte prematura.

En la producción de huevos, tanto en jaulas como en corrales, la mayoría de pollitos macho son sacrificados porque no pondrán huevos y por lo tanto su manutención no es rentable.

En la producción de leche, las vacas son inseminadas artificialmente en repetidas ocasiones para lograr varios periodos de lactancia. Los terneros son sacrificados al nacer, o enviados para la producción de cárnicos, o para la producción de carne de ternera, o criados para engorde. Las terneras son separadas de sus madres en un lapso de entre 24 a 48 horas después de su nacimiento y alimentadas con sustitutos lácteos; reservando así la leche de la vaca para consumo humano. Al alcanzar una edad aproximada de cinco años, las vacas son sacrificadas y su carne es molida para la elaboración de cárnicos, también sostienen que en estado salvaje las vacas pueden llegar a vivir 20 años. Algo similar ocurre con las cabras y sus crías.

En cuanto a los productos elaborados por insectos, como la miel o la seda, existen desacuerdos entre diferentes grupos de veganos. La mayoría de los veganos consideran que la apicultura moderna es cruel y explotadora, ya que después de que la miel es recolectada, es sustituida con azúcar o con jarabe de maíz para mantener la cohesión de la colmena.​ Ni la Sociedad Vegana Británica ni la Sociedad Vegana Estadounidense consideran que la miel, la seda u otros productos de insectos sean aptos para los veganos, mientras que la Vegan Action y la Vegan Outreach consideran que su uso es una cuestión de elección personal.​ La miel de ágave es una alternativa popular entre los veganos a la miel de abeja.

Vestimenta

En general, los veganos evitan comprar o usar prendas con cuero, lana o plumas.

Algunas prendas de vestir utilizadas por los veganos éticos, particularmente las elaboradas con sucedáneos de cuero, están hechas de productos a base de petróleo; esto ha desatado críticas debido a los daños asociados a su producción.

Medicamentos y suplementos dietéticos

Los veganos éticos tratan de no utilizar ningún producto de origen animal y tratan de evitar aquellos probados en animales. También evitan ciertas vacunas, como por ejemplo la vacuna contra la gripe, en cuyo proceso de fabricación se utilizan huevos de gallina.

La Sociedad Vegana reconoce que «no siempre es posible hacer una elección que evite el uso de animales». Un importante problema es el caso de los medicamentos, que son rutinariamente probados en animales para asegurar que son eficaces y seguros, y también pueden contener ingredientes animales, como la lactosa, la gelatina o los estearatos. Para que los medicamentos sean aprobados, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) exige que el fabricante o patrocinador realice una serie de pasos que incluyen primero estudios en laboratorio y con animales, previos a los ensayos clínicos con humanos. Puede no haber alternativas a la medicación prescrita o estas alternativas pueden ser inadecuadas, menos eficaces o provocar más efectos secundarios adversos.

La experimentación con animales también se lleva empleando desde hace muchas décadas para comprender las funciones básicas de los micronutrientes y la elaboración de suplementos dietéticos, como los que se precisan para evitar ciertas deficiencias en las personas que siguen dietas vegetarianas, y calcular sus dosificaciones.​ Asimismo, la experimentación con animales de laboratorio se utiliza para evaluar la inocuidad de las vacunas, aditivos alimentarios, cosméticos, productos para el hogar, sustancias químicas en el lugar de trabajo y muchas otras sustancias.

La Comisión Europea «subraya que la experimentación con animales sigue siendo importante para proteger la salud de los seres humanos y los animales y para mantener un medio ambiente intacto.»​ Como señala la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) «Prácticamente todos los protocolos actuales para la prevención, curación y control de las enfermedades, de los antibióticos a las transfusiones de sangre, de la diálisis al trasplante de órganos, de las vacunas a la quimioterapia, de las operaciones quirúrgicas de corazón a la sustitución de huesos y articulaciones en cirugía ortopédica, se basan en el conocimiento obtenido mediante investigaciones realizadas en animales de laboratorio.»

Cosméticos

Los criterios de la Sociedad Británica Vegana para certificar un producto son que sus ingredientes no contengan ningún elemento de origen animal y que tanto el producto terminado como sus componentes no hayan sido probados en animales, ya sea directamente por el fabricante, o por alguien en su nombre.

Los ingredientes de origen animal son más baratos, por lo que son omnipresentes en los artículos de tocador. En especial el sebo que es muy utilizado para la elaboración de cosméticos y artículos de tocador. Por lo general los veganos revisan la lista de composición de los productos, para comprobar que ningún producto de origen animal haya sido usado en su elaboración.

Los más comunes son: el sebo para la elaboración de jabones, la glicerina (un derivado del colágeno) que es usada como lubricante y humectante en productos para el cabello, cremas hidratantes, cremas de afeitar, jabones y pastas de dientes; existe una glicerina de origen vegetal pero la más usada es la de origen animal. La lanolina es extraída de la lana de oveja, es otro ingrediente común que puede encontrarse en bálsamos labiales y cremas hidratantes. El ácido esteárico también puede ser de origen vegetal, es utilizado en la elaboración de cremas para el rostro, espumas de afeitar y champús. Los fabricantes prefieren utilizar el ácido esteárico de origen animal. El ácido láctico es un ácido carboxílico con un grupo hidroxilo, derivado de la leche, y la alantoína que se encuentra en la orina de muchos animales y en la planta consuelda; son utilizados para la elaboración de champús, cremas hidratantes y pastas de dientes.

Efectos sobre la salud

La eliminación de proteínas animales en la dieta, especialmente aquéllas provenientes de carnes rojas, se asocia con algunos efectos beneficiosos para la salud tales como la protección contra algunos tipos de cáncer y la disminución del riesgo cardiovascular. Por lo general, las personas que siguen dietas veganas suelen ser más delgadas y tienen niveles más bajos de colesterol y presión sanguínea, lo cual podría ejercer un efecto protector.

No obstante, como consecuencia de la eliminación de todos los productos de origen animal, las dietas veganas pueden causar importantes carencias nutricionales, que solo pueden ser prevenidas mediante la elección de alimentos fortificados o la toma regular de suplementos dietéticos. La deficiencia de vitamina B12 es muy frecuente entre los veganos, lo cual puede provocar alteraciones vasculares tempranas y un aumento del riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la ateroesclerosis, así como trastornos neurológicos en los niños.​ Por otro lado, los veganos suelen presentan menor masa ósea y tienen un riesgo de fracturas un 30% mayor si el aporte de calcio no es suficiente. Asimismo, los niños que siguen dietas veganas son en general más pequeños, aunque pueden estar dentro de los límites de la normalidad.

En 2014, la Oficina Federal de Salud Pública de la Confederación Suiza dijo que entre las dietas vegetarianas la más recomendable para adultos sanos es la ovolactovegetariana y que, sin embargo, también es cierto que un consumo asiduo de carne y pescado puede plantear riesgos para la salud.

La Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos y la Asociación de Dietistas de Canadá consideran que las dietas veganas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo de vida,​ mientras que la Sociedad Alemana de Nutrición no recomienda las dietas veganas en bebés, niños ni adolescentes, ni durante el embarazo y la lactancia.​ En una guía sobre nutrición infantil de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición publicada en 2015, se recoge que los lactantes y los niños no deberían seguir una alimentación vegana y se advierte del riesgo en las mujeres embarazadas.

Embarazo, bebés y niños

La Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos y la Asociación de Dietistas de Canadá consideran que las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas de la vida, incluso durante el embarazo, la lactancia, la infancia y la adolescencia,​ y advierten de los riesgos de una mala planificación y la falta de suplementación de diversos nutrientes.​ En los lactantes amamantados por madres veganas, el riesgo de sufrir carencias de vitamina B12 es muy elevado, por lo que una fuente regular de esta vitamina es esencial para las mujeres en período de gestación y lactancia, o para los bebés si su madre no toma ningún suplemento. Las dietas vegetarianas suelen ser altas en ácido fólico, lo cual puede enmascarar la deficiencia de vitamina B12 y no hacerse evidente hasta que ya se han producido trastornos neurológicos y aparecen los primeros síntomas.

En 2016, la Sociedad Alemana de Nutrición se pronunció en contra de una dieta vegana para los bebés, los niños, los adolescentes, las mujeres en gestación y durante la lactancia.

Según Reed Mangels, no parece que las reservas de vitamina B12 atraviesen la placenta, además los investigadores han reportado casos de deficiencia de esta vitamina en madres vegetarianas lactantes, que está vinculada a deficiencias y trastornos neurológicos en sus hijos.​ Es posible que las mujeres veganas gestantes también necesiten consumir más vitamina D, según la cantidad de luz solar que reciban y si están comiendo alimentos fortificados. Es probable que los médicos recomienden suplementos de hierro y ácido fólico para todo tipo de mujeres embarazadas (veganas, vegetarianas y no vegetarianas). Se debe consultar a un médico o a un dietista certificado sobre si se debe tomar o no suplementos durante el embarazo.

Fuente: Wikipedia. Reproducido a fines académicos. Sugerimos leer en medio original.

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