Para crecer hay que comer”, o eso me decían de pequeño. Muy bien, pues a este acto de elección e ingesta del alimento le denominaríamos alimentación.

Proceso voluntario, educable y que va cambiando tras los pasos de los años. A diferencia de los animales, la alimentación supone mucho más que supervivencia.

Sin embargo, la nutrición es un proceso involuntario mediante el cual nuestras células transforman e incorporan las sustancias del exterior provenientes de los alimentos. Al contrario que en la alimentación es un acto inconsciente y no educable.

Por lo tanto hay dos aspectos acerca de la nutrición a tener en cuenta:

Ahora que conocemos estos dos conceptos, somos capaces de entender que nuestra alimentación debe basarse en alimentos de una alta densidad nutricional. Es decir, que aporten a nuestras células muchísimos componentes para que puedan funcionar correctamente, defenderse de patógenos y mantenernos en un estado óptimo de salud. Recuerda que el envejecimiento, las enfermedades, los síntomas… todo lo que ocurre en nuestro cuerpo está totalmente relacionado con nuestras células. Darle lo que necesitan es lo mínimo que podemos hacer por ellas y a la misma vez por nosotros mismo.

La Nutrición y las Emociones

Alimentarse y comer pasó de ser un acto biológico a ser también un acto cultural cuando nuestra especie comenzó su desarrollo y alcanzó el lenguaje como instrumento de comunicación y de materialización de deseos, emociones y pensamientos. Por eso se ha escrito por parte de los antropólogos que “alimentarse es todo lo que ocurre antes de meter un alimento en la boca, lo que viene después es bioquímica”, y es una gran verdad.

Ellos, los antropólogos, quieren señalar la relevancia de todo lo que ocurre antes: la decisión fundamental de asentarse y dejar de vagar en el Neolítico, lo que dio comienzo a la ganadería, la agricultura y al impacto medioambiental sobre los territorios, hasta el modelo de producción industrializado de nuestros días, pasando por el ritual asociado al acto fisiológico de la necesidad de ingerir alimentos. Esto creó un protocolo (la buena educación en la mesa), la posición en la misma, o su exclusión (en muchas sociedades las mujeres y hombres deben comer separados, por ejemplo). Lo que no se debe comer (un ejemplo es la decisión de ser vegetariano o el por qué se comen perros en China y en España no), cuándo y dónde se debe comer, los horarios y tiempos, el reparto de espacios y los propios ritos, ya sean familiares o diplomáticos, en el propio acto del encuentro. No hay espacio en este artículo para un detalle apasionante de estos temas. De hecho, el que cada cocina y sus platos existan están vinculados a las tradiciones religiosas, económicas y culturales de naciones, regiones o espacios geográficos.

“Alimentarse es todo lo que ocurre antes de meter un alimento en la boca, lo que viene después es bioquímica”

Comer es, por lo tanto, un hecho cultural al recoger y plasmar todos los ritos, mitos y leyendas que una organización/nación posee. Hay una estética en el comer y la gastronomía que comienza y se desarrolla cuando la fase de satisfacción básica es superada. Pasa de ser una necesidad primaria a ser un reflejo cultural. Actualmente alimentado por el boom mediático. El simple acto de cocinar se acerca así a “una filosofía de vida” en este desenfoque actual del mundo post-post moderno que nos ha tocado vivir.

¿Han visto a personas hacer una foto del plato que le han puesto en su mesa con su móvil? Es un matiz más como tantos de los memes sobre alimentación que pasan por la red.

Comer integra connotaciones emocionales y psíquicas de relación social. Es un campo de batalla donde los conflictos emocionales tratan de resolverse: deseos, frustraciones, ansiedades… Es, por lo tanto, un acto psíquico, influido por las primeras relaciones interpersonales, por las frases escuchadas y los ejemplos cotidianos vistos por vez primera, como bien se explica en el libro Doctor ¿por qué no puedo adelgazar? Perder peso con salud, de Alejandra Mensassa y Pilar Rojas.

Comer es un acto psíquico, influido por las primeras relaciones interpersonales, por las frases escuchadas y los ejemplos cotidianos vistos por vez primera!

Hoy se habla de psico-nutrición como una nueva sub-especialidad. Una ciencia o técnica que se abre camino para establecer relaciones y perspectivas como esta: ¿Pueden modificarse o precipitarse expresiones emocionales o psíquicas a través de la nutrición? Los nuevos estudios señalan que sí. Análisis en cárceles y centros juveniles de alto conflicto social demostraron que modificando la dieta mejoraba el clima social del internado y de sus miembros.

Las dietas “basura”, proinflamatorias, conllevaban índices de agresividad mayores, y las «dietas antiinflamatorias» reducían la tensión interna. Los estudios del papel de la microbiota han aportado nuevos datos, mucho más tras descubrirse recientemente la existencia de bacterias intestinales en el cerebro humano. No sabemos el papel que tienen, pero alguno deben de tener. Esto ha llevado a buscar qué cepas o equilibrio de cepas podrían ser beneficiosas en el autismo, la epilepsia, las demencias, la esquizofrenia o la ansiedad.

Por su parte, la nutrigenética incorpora sus enfoques selectivos. ¿El vegetarianismo podría llevar a un desarrollo añadido de una mayor empatía? ¿El microbioma intestinal influye en la sintomatología del autismo?, tal como científicos del California Institute of Technology han inducido al trasplantar heces de niños autistas a ratones y conseguir que los animales generaran comportamientos similares al autismo. Al parecer se modificaba los niveles de taurina y de ácido 5-aminovalérico en su cerebro. Y se revertía al equilibrarlo. Todo esto demuestra que la comida y las emociones tienen un vínculo muy fuerte.

Los psicólogos que estudian este tema, aseguran que las personas manifiestan su perspectiva de la vida en la forma en la que comen. Cuando existe una alteración en sus emociones, también se altera su apetito. En la siguiente gráfica vemos la relación directa entre el chocolate y las emociones en ambos géneros:

En función a todo esto no es difícil comprender que así como existe una pirámide alimenticia, basada en cuestiones biológicas y fisiológicas, podríamos establecer una pirámide emocional de la alimentación. Pero este ya pasaría a ser un tema de otro artículo.

Compilado por Fabián Sorrentino de las siguientes fuentes: Fundación Vivo Sano. Alejadro Luque Figueroa y Dr. José F. Tinao. CMI-Clínica Medicina Integrativa. Reproducida a fines académicos. Sugerimos leer en medio original.

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